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    FRU - Análisis para Xbox One

    FRU - Análisis para Xbox One

    Microsoft anunció Xbox One junto a la revisión de Kinect, afirmando que a partir de ahora la consola y el periférico serían uña y carne. La realidad fue otra, con escaso apoyo por parte de Microsoft, y menos aún de parte de compañías externas. Casi se pueden contar con los dedos de la mano los juegos que le sacan partido: Kinect Sports Rivals, D4, la versión anual de Just Dance y una retahila de descargables de menor importancia. Lo peor es que ninguno de estos títulos da razones consistentes para poseer el periférico de captación de movimiento de Microsoft. Por eso precisamente, nos choca un juego como FRU, que llega justo cuando todo el mundo da por muerto al aparato, hasta el extremo de haberse anunciado el cierre de la aplicación gratuita de fitness, una de las grandes bazas originales para este añadido.



    La idea sobre la que se construye este proyecto es simple: la silueta de nuestro cuerpo es una especie de portal entre dos mundos, que superpuestos nos permiten superar las 110 pantallas estáticas (no hay scroll en este juego) que componen la aventura principal. En ocasiones, nuestra silueta hará aparecer plataformas, otras veces desaparecerán. Incluso es posible crear cuestas con nuestra chepa y convertir una escarpada pared en una suave ascensión. La gracia del asunto es que, por lo general, nos exige cierta dosis de inteligencia, y otro tanto de habilidad, tanto con el mando, como a la hora de movernos por la habitación. Una mezcla peculiar que se explica mejor con imágenes que con la lectura.

    Controlamos un personaje con el mando, limitándonos a usar la cruceta para el movimiento y los gatillos para los saltos. Simple y sencillo, lo justo para no tener que preocuparnos mientras hacemos mil y una posturas en la habitación. Porque si algo destaca y hace distinto este título es obligarnos a movernos mientras disfrutamos de una experiencia tradicional. Somos parte activa de la función, y además controlamos al personaje protagonista, consiguiendo con ello una implicación y unión con lo que ocurre en la pantalla muy diferente a lo que vemos en los juegos más tradicionales. Por ejemplo, nos sorprenderemos llevando al personaje en la mano ya aupándole cual bebé, mientras una sonrisa se dibuja en nuestros labios. La clave, por supuesto está en la variedad y en la integración casi perfecta de nuestra silueta en la aventura de FRU.






    La variedad llega por la diversidad de retos, que se dividen en cuatro capítulos de la historia. En el primero nos limitaremos a jugar con las silueta y lo que se ve o no. En el segundo nuestro reflejo en pantalla creará además agua por el que la protagonista podrá nadar. En la tercera se añade a la ecuación una serie de interruptores que activan o desactivan plataformas en alguno de los dos planos de juego. Finalmente, en el cuarto, aparece lava ardiente, obligándonos a hilar muy fino en cuanto a lo que se ve de cada plano, para evitar que el personaje del juego salga escaldado con demasiada frecuencia. El juego es exigente, y nos obliga a buscar poses imposibles para superar cada nivel, pero también abre la mano al no castigarnos por morir más que volviendo unos pocos saltos atrás. Es decir, consigue a la perfección picarnos y hacernos volver una y otra vez hasta superar cada puzle o situación.

    Esto hace que más pronto que tarde acabemos el juego, quedando el conteo de horas cerca de las 3. Bien es cierto que existen 24 coleccionables que desbloquean un nuevo modo de juego, aunque no es que estén demasiado escondidos. Lo que sí nos ha gustado y ha valido la repetición del juego es jugar de forma cooperativa en el modo de un jugador. Uno controla el mando y otro la silueta. Lo que se pierde en dificultad se gana en necesidad de coordinación, creando una experiencia distinta capaz de destrozar amistades o unir parejas más que un San Valentín espumoso. Y lo mejor es que si conseguimos todos los coleccionables (tarea que, por si no fuera suficiente, se facilita con el fantástico sistema de repetición de niveles de FRU), se abre un nuevo modo de juego que no es más que la demostración original del juego, en la que sí se contemplaba un cooperativo con dos personajes y dos siluetas. Este modo tiene sus fallos, pero hay que entenderlo como un extra que sirve de guinda para una experiencia distinta, que aprovecha Kinect como ningún otro juego antes, hasta el punto de asemejarse más a la experiencia asimétrica que prometía Wii U que a un juego para una consola como Xbox One.



    Técnicamente el título es modesto, pero bien realizado. Los escenarios son detallados y suficientemente variados para evitar una sensación de deja vu. Además, no hay problemas con Kinect ni la captación de nuestra silueta, funcionando a la perfección la mayor parte del tiempo. La música es ligera, aunque acaba haciéndose un poco machacona, y los efectos de sonido cumplen con lo establecido. Si nos ponemos picajosos la historia es demasiado leve, con una narrativa que pasa de puntillas por el argumento que trata de contarnos. Sin embargo, se trata de un mal menor, ya que hemos jugado a FRU por lo interesante y original de su propuesta, no por que ardiéramos de interés por saber el final de la historia. Un fallo que podríamos considerar menor en un mar de aciertos, para una de las propuestas más originales que nos hemos encontrado en los últimos meses... Y la demostración de que Kinect SÍ valía para ofrecernos experiencias únicas.


    EL VEREDICTO


    Diferente, novedoso, bien realizado, rebosante de carisma y muy divertido, tanto solo como acompañado. Una pequeña sorpresa que nos llega justo cuando creíamos que Kinect ya había pasado a mejor vida. No es perfecto, por ofrecer una narrativa demasiado ligera y no ser precisamente un reto longevo, pero sí que se trata de un título que hay que probar, como mínimo, para saber lo que nos perdimos cuando los programadores abandonaron la idea de sacar partido a este periférico repleto de posibilidades.



    Fuente: IGN


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